ENFERMERÍA CUIDÁNDOTE - ISSN 2695-9364

Priego Salas L, Pérez Rosado A. Relación del consumo de drogas depresoras con trastornos del sueño y bienestar psicológico. Revisión de la literatura


Relación del consumo de drogas depresoras con trastornos del sueño y bienestar psicológico. Revisión de la literatura

Relationship of depressant drug use with sleep disorders and psychological wellbeing. Literature review

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Autora de correspondencia: Fecha de recepción: Fecha de aceptación: DOI: Modo de referenciar el artículo:

Las obras se publican en esta revista bajo una licencia Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC BY 4.0) que permite a terceros utilizar lo publicado siempre que mencionen la autoría del trabajo y a la primera publicación en esta revista.

Resumen

Objetivos: Explorar cómo el consumo de drogas depresoras afecta los trastornos del sueño y el bienestar psicológico en adultos.

Metodología: Revisión de la literatura mediante búsqueda en bases de datos como PubMed, SciELO, Cochrane, BVS y MEDES, aplicando criterios de inclusión y exclusión.

Resultados y Discusión: Los 8 estudios seleccionados evidencian que el consumo de alcohol y benzodiacepinas deteriora la calidad del sueño, reduciendo su duración y eficiencia, lo que incrementa el riesgo de problemas psiquiátricos. El consumo de cannabis se asoció con mayores niveles de angustia psicológica en mujeres, y una relación inversa con el estrés psicológico. Se observaron diferencias de género, con más insomnio en mujeres y más ronquidos en hombres. Se utilizaron diversas herramientas de evaluación para analizar el consumo de sustancias, el bienestar psicológico y los trastornos del sueño.

Conclusión: Existe una clara relación entre el uso de sustancias depresoras y los trastornos del sueño, afectando negativamente el bienestar emocional. Además de la necesidad de herramientas precisas de evaluación.

Palabras Clave: Bebidas Alcohólicas; Benzodiazepinas; Bienestar Psicológico; Calidad de Vida; Drogas Depresoras; Trastornos del Sueño-Vigilia.

Abstract

Objectives: To explore how the consumption of depressant drugs affects sleep disorders and psychological well-being in adults.

Methodology: A literature review was conducted through searches in databases such as PubMed, SciELO, Cochrane, BVS and MEDES, applying inclusion and exclusion criteria.

Results and Discussion: The 8 selected studies show that alcohol and benzodiazepine consumption negatively affects sleep quality by reducing its duration and efficiency, increasing the risk of psychiatric issues. Cannabis use was linked to higher levels of psychological distress in women and an inverse relationship with psychological stress. Gender differences were observed, with higher insomnia prevalence in women and more snoring in men. Various assessment tools were used to analyze substance use, psychological well-being, and sleep disorders.

Conclusion: There is a clear relationship between the use of depressant substances and sleep disorders, with a negative impact on emotional well-being. In addition to the need for accurate assessment tools.

Keywords: Alcoholic Beverages; Benzodiazepines; Depressant Drugs; Psychological Well-Being; Quality of Life; Sleep Wake Disorders.

Introducción

El descanso nocturno es fundamental para el bienestar físico y mental, pero diversos trastornos como el insomnio y el síndrome de apneas-hipopneas afectan su calidad y duración, impactando negativamente en la calidad de vida y el bienestar emocional1. El uso de sustancias depresoras del sistema nervioso, como alcohol y benzodiacepinas, agrava estos problemas, generando un impacto significativo en la salud pública2. Es crucial que las políticas de salud se centren en prevenir el abuso de drogas, promover hábitos de sueño saludables y brindar apoyo a quienes padecen estos trastornos2,3.

Trastornos del sueño

El sueño es un proceso esencial que va más allá de la simple inconsciencia, implicando alta actividad cerebral que contribuye al procesamiento de información, rejuvenecimiento físico y mantenimiento de la salud4. Se divide en ciclos de 90 minutos que incluyen el sueño NREM y REM. NREM ocupa el 75-80% del sueño y abarca etapas de sueño ligero y profundo, esenciales para la restauración física. El sueño REM, donde ocurren la mayoría de los sueños, ayuda en la consolidación de la memoria y el procesamiento emocional5,6.

Los trastornos del sueño, como insomnio, apneas, síndrome de piernas inquietas y bruxismo, son comunes y afectan entre el 20-30% de la población, aumentando con la edad. Estos trastornos tienen un gran impacto en la calidad de vida y el bienestar físico y mental, además de generar problemas económicos y sociales, como la disminución del rendimiento laboral y un mayor riesgo de accidentes. Evaluar el sueño no solo debe centrarse en la calidad del descanso, sino también en el funcionamiento diurno, requiriendo herramientas objetivas para reducir el sesgo subjetivo en su medición1,7,8.

Figura 1: Prevalencia de los trastornos del sueño.

Fuente: Bibliografía7,8.

Además, se ha observado una estrecha relación entre los trastornos del sueño y el estado general de salud física y psicológica de una persona, presentándose éstos como un problema muy común a día de hoy y afectando muy negativamente a la calidad de vida1.

Bienestar psicológico

El sueño juega un papel clave en el bienestar psicológico, asociado al equilibrio emocional y la satisfacción personal, que incluye la autopercepción positiva, el manejo del estrés y la capacidad para enfrentar desafíos de manera adaptativa. Aunque factores como la edad, la salud y el estatus social influyen en la calidad de vida, esta se determina principalmente por la valoración individual de la propia situación9.

Andrews y Withey9 desglosan el bienestar en tres componentes: el afecto positivo (emociones de felicidad y satisfacción), el afecto negativo (emociones de tristeza y ansiedad) y los juicios cognitivos (evaluación subjetiva de la vida). Carol Ryff10 propuso el modelo multidimensional del bienestar psicológico (BP), que se enfoca en el desarrollo personal y evalúa el BP a través de seis dimensiones que miden el continuo positivo-negativo del funcionamiento de una persona9,10.

Figura 2. Dimensiones del modelo de bienestar propuesto por Ryff (1989).

Fuente: Bibliografía10.

Drogas depresoras

El consumo de estupefacientes, especialmente las drogas depresoras, afecta tanto a los trastornos del sueño como al bienestar psicológico. Estas sustancias influyen en la actividad cerebral y cognitiva, afectando funciones como el estado de alerta y la conciencia. La adicción a estas drogas representa un desafío global para la salud pública debido a su alta morbimortalidad y sus impactos psicosociales y económicos2,3,11.

La OMS ha desarrollado estrategias para abordar esta problemática, ya que el consumo de drogas depresoras sigue generando adicción, trastornos del comportamiento y del sueño. Muchos países han implementado planes nacionales para reducir el consumo de sustancias, con un enfoque en la prevención desde edades tempranas. En España, destacan el “Plan Nacional sobre Drogas”, la base de datos EDDRA y programas de prevención educativa, como la estrategia del Instituto de Adicciones de Madrid Salud dirigida a adolescentes12,13,14.

Metodología

Revisión bibliográfica exhaustiva sobre la relación entre el consumo de drogas depresoras, los trastornos del sueño y el bienestar psicológico. Para ello, se consultaron bases de datos como PubMed, SciELO, Cochrane, BVS y MEDES, aunque esta última quedó inutilizada por un cambio en su plataforma. La búsqueda se limitó a artículos en inglés, español y portugués para obtener una muestra representativa de la literatura. Se utilizaron palabras clave como “Psychotropic substances”, “Alcohol use disorders”, “Benzodiazepines”, “Sleep disorders”, “Quality of life” y “Psychological Well-Being”, combinadas con operadores booleanos para optimizar la búsqueda.

Criterios de Inclusión y Exclusión

Con respecto a los criterios de inclusión de estos estudios:

  • Pacientes entre 18 y 65 años, tanto hombres como mujeres.
  • Fecha de publicación entre 2009 y 2024.
  • Idioma Español, Inglés y Portugués.
  • Se aceptan estudios los cuales se realicen en contexto hospitalario.
  • Se aceptan estudios de tipo ECA, revisión sistemática, cohorte, transversales, literatura gris y artículos de actualización.

Los criterios de exclusión fueron los siguientes:

  • Estudios los cuales incluían individuos menores de 18 años.
  • Que no se encontrasen en Inglés, Español o Portugués.
  • Documentos sin acceso de forma gratuita a su formato completo.

Como herramienta de lectura crítica se ha utilizado STROBE y CASPe (anexos 3 y 4). En la tabla 1 se aprecia el esquema de búsqueda, así como las principales fuentes de búsqueda.

Tabla 1. Esquema de búsqueda.

Resultados

La búsqueda bibliográfica inicial identificó 971 estudios. Después de eliminar duplicados y aquellos que no cumplían con los criterios de inclusión, quedaron 238 artículos para la evaluación de calidad. Utilizando herramientas de lectura crítica, finalmente se analizaron 8 artículos: dos estudios de cohortes, dos artículos de actualización de revisiones sistemáticas, una revisión sistemática y tres estudios transversales, como se detalla en la figura 3 y la tabla 2.

Figura 3. Diagrama de flujo de la información.

Tabla 2. Resultados.

De los 8 estudios seleccionados, los resultados se agruparon en dos categorías: impacto del consumo de alcohol y benzodiacepinas en la calidad del sueño, y en la calidad de vida de los pacientes consumidores.

En relación al impacto que tienen el consumo de alcohol y benzodiacepinas en la calidad del sueño, los autores del estudio “Sleep disorders in substance abusers” revelan que el alcohol es la sustancia más abusada, con las benzodiazepinas ocupando el tercer lugar después de los opiáceos. Se utilizó el Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI), el Berlin Questionnaire, la Epworth Sleepiness Scale (ESS) y el Insomnia Severity Index (ISI) para evaluar la calidad del sueño. La duración promedio del sueño en estos pacientes fue de 5,5 horas, inferior a las 7-8 horas recomendadas, lo que aumenta el riesgo de problemas psiquiátricos, cardiometabólicos, lesiones y mortalidad. Además, los estudios “Alcohol dependence and its relationship with insomnia and other sleep disorders”, “The Effects of alcohol in quality of sleep” y “Association between alcohol consumption and sleep traits” destacan que el alcohol puede agravar los ronquidos al relajar las vías respiratorias y alterar la respuesta a la obstrucción de las vías respiratorias, contribuyendo a una mala calidad del sueño y diversos trastornos relacionados21,22,23,24.

En el estudio “The effects of alcohol in quality of sleep”, se utilizaron herramientas de medición como el AUDIT-KR y el PSQI-K. Los hombres mostraron puntuaciones más altas en AUDIT-KR, indicando un peor sueño, mientras que las mujeres no mostraron una relación directa entre AUDIT-KR y PSQI-K. Sin embargo, las mujeres con más disfunción diurna sí mostraron una asociación con el consumo de alcohol22.

Por otro lado, se observa una relación positiva entre la calidad del sueño y la sintomatología depresiva o ansiosa; en mujeres, esta relación es independiente del consumo de alcohol, mientras que en hombres está directamente relacionada con el consumo de alcohol22.

El estudio “Association between alcohol consumption and sleep traits” revela que el consumo de alcohol, en cualquier cantidad, está asociado con un mayor riesgo de ronquidos y cronotipo vespertino, incluso tras ajustar por edad y sexo. El riesgo aumenta con la cantidad de alcohol consumida. La investigación muestra que tanto hombres como mujeres presentan un mayor riesgo de insomnio y ronquidos, con una prevalencia mayor de insomnio en mujeres y de ronquidos en hombres. Los adultos mayores (>65 años) tienen una mayor prevalencia de insomnio y una duración del sueño más larga y, en este grupo, el consumo de alcohol está asociado con una mayor duración del sueño tras ajustar por otros factores23.

En referencia a consumo, en el estudio “Alcohol dependence and its relationship with insomnia and other sleep disorders”, se observa una reducción en la duración del sueño REM a lo largo de la noche y afecta negativamente la segunda mitad de la noche, provocando un sueño más fragmentado y menos reparador, con más despertares y menor eficiencia del sueño24.

Otros trastornos primarios del sueño pueden ser más comunes en la dependencia del alcohol y presentarse como insomnio en el ámbito clínico. Estos incluyen la apnea obstructiva del sueño (AOS), el trastorno de movimientos periódicos de las extremidades (TMPE), y el trastorno del sueño de fase retrasada (TSFR). La dependencia del alcohol se ha asociado con un mayor riesgo de TMPE, anomalías en el ritmo circadiano y AOS. Un estudio longitudinal encontró que las personas con dependencia del alcohol tenían un TMPE más alto que los controles saludables, sugiriendo una relación entre el alcohol y el TMPE. Los estudios también muestran que, durante la abstinencia aguda, los sujetos con dependencia del alcohol presentan más eventos respiratorios durante el sueño en comparación con controles saludables. Además, un 41% de los pacientes con dependencia del alcohol en tratamiento mostraron trastornos respiratorios del sueño, frente al 23% en el grupo de control, especialmente en hombres mayores de 40 años24.

El estudio “Sleep disturbance in substance use disorders” destaca que muchos pacientes usan sustancias para inducir el sueño, lo que puede agravar los trastornos del sueño como el insomnio, y fomentar una recaída en la dependencia. Esto indica una relación recíproca entre los trastornos del sueño y el consumo de depresores del SNC. Sin embargo, el estudio “Association between alcohol consumption and sleep traits” no respalda esta influencia mutua, ya que no reconoce los efectos de los trastornos por uso de sustancias en los rasgos del sueño21,23,24.

El estudio “Objective sleep outcomes in randomized-controlled trials in persons with substance use disorders: A systematic review” revisa técnicas objetivas para medir las alteraciones del sueño en pacientes con trastorno de sustancias. Las técnicas se clasifican según los niveles de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM):

  1. Polisomnografía (PSG): Nivel uno, el más usado y con mejoras primarias en el sueño.
  2. Actigrafía: Nivel tres, menos precisa, sin mediciones directas de la actividad cerebral.
  3. Polisomnografía ambulatoria: Nivel dos.
  4. Pruebas de apnea del sueño en el hogar: Nivel tres.

El estudio también destaca la creciente utilidad de las técnicas de nivel dos y evalúa indicadores como el tiempo para conciliar el sueño, tiempo de vigilia después de conciliar el sueño, tiempo total de sueño y eficiencia del sueño para medir la eficacia de las intervenciones20.

Se ha estudiado en profundidad la relación entre el consumo de cannabis y la angustia psicológica. Según el estudio “Cannabis use and psychological distress: An 8-year prospective population-based study among Swedish men and women”, se revela que los consumidores de cannabis, en comparación con los no consumidores, son principalmente jóvenes, desempleados y reportan mayor angustia psicológica. En mujeres, la angustia psicológica aumenta durante el seguimiento y se asocia con trastornos depresivos mayores, mientras que en hombres se observa solo angustia psicológica leve19. Además, el estudio “Screening for substance use patterns among patients referred for a variety of sleep complaints” muestra que los hombres presentan patrones de consumo de drogas y alcohol más altos que las mujeres. Este estudio también encuentra relaciones significativas entre el consumo de sustancias y alteraciones en el sueño, destacando una interacción relevante entre el insomnio y los trastornos psiquiátricos, como la depresión asociada con el alcoholismo17.

El estudio “Sleep and substance use disorders: an update” se centra en cómo el alcohol y el cannabis afectan el sueño. Durante la adolescencia, el impacto de las drogas en el sueño es más pronunciado, creando un ciclo de problemas: los trastornos del sueño pueden llevar al abuso de sustancias y viceversa. El alcohol altera el sueño, especialmente a la hora de acostarse, y afecta más a las mujeres que a los hombres. En cuanto al cannabis, aunque se cree que facilita el sueño, este estudio no confirma esa relación. Tras la abstinencia del cannabis, se observan alteraciones del sueño, tanto objetivas como subjetivas, que pueden ser agudas o prolongadas18.

Discusión

En relación al consumo de sustancias depresoras, es común encontrar en la literatura científica disparidad entre el sexo masculino y femenino. Se observa una tendencia más marcada entre los hombres hacia el trastorno por uso de sustancias y el consumo de riesgo en comparación con las mujeres17,19.

Aunque en comparación con lo sostenido en las revisiones estudiadas, recientes artículos indican que la brecha entre géneros se está reduciendo, mostrando las mujeres un aumento en el consumo de riesgo y en la prevalencia de trastornos por uso de sustancias25.

El alto impacto del consumo de alcohol conlleva una correlación directa con una tendencia hacia una menor eficiencia del sueño y, por tanto, una peor calidad de este. Se puede reflejar la incidencia de trastornos como son el insomnio en diferentes niveles de gravedad, anomalías del ritmo circadiano, el “síndrome de piernas inquietas”(SPI) o también referido como “Trastorno de Movimientos periódicos de las extremidades”(TMPE), apnea obstructiva del sueño (AOS) y el “trastorno del sueño de fase retrasada” (TSFR)24.

En la población masculina, se observa una peor calidad del sueño, asociada con el incremento en el número de despertares durante el sueño y la presencia de ronquidos. Este fenómeno puede entenderse a través de los efectos del alcohol en el sistema respiratorio, perturbando la respiración normal. Además, presentan una mayor fragmentación y superficialidad del sueño, lo que aumenta aún más la probabilidad de despertares nocturnos. A diferencia de los hombres, en las mujeres está clara una asociación directa entre el consumo y una mala calidad del sueño21,22,23,24.

No obstante, tal y como se referencia en otros artículos, a diferencia de lo que algunos estudios previos sugieren, el consumo de alcohol no parece tener un efecto significativo en la duración del sueño. Aunque el alcohol puede perturbar la calidad del sueño al reducir la eficacia y la profundidad del descanso, no parece afectar directamente cuánto tiempo una persona duerme en general. Este resultado es relevante ya que desafía la noción común de que el alcohol siempre conduce a una noche más corta de sueño. En cambio, sugiere que el impacto del alcohol en el sueño puede ser más complejo y estar más relacionado con la calidad que con la cantidad de sueño experimentada27,28.

Queda evidenciado que, en mujeres, el consumo de cannabis está estrechamente vinculado con niveles moderados y graves de angustia psicológica, así como a padecer trastornos depresivos mayores que, en comparación con los hombres, no se observa tal relación significativa. Asimismo, también se relaciona de forma inversa, el presentar estrés psicológico conlleva un mayor riesgo de consumo de cannabis. Sumado a esto, también se halla una asociación positiva entre la calidad del sueño y la manifestación de síntomas depresivos o ansiosos. Lo mismo pasa en lo que concierne a los hombres con el alcohol, señalando que un número significativo recurren al alcohol para la mejora del sueño y abordar trastornos como el insomnio. Por tanto, en ambos sexos se acababa creando un círculo de dependencia, relacionando bidireccionalmente los trastornos y el uso de depresores21.

En cuanto a la abstinencia, una vez que se establece la dependencia de una sustancia, la interrupción de su consumo puede resultar en una serie de consecuencias adversas. Entre ellas, una de las más frecuentes es la alteración del patrón de sueño. Durante la fase inicial de abstinencia, se pueden observar cambios significativos en la fisiología del sueño, y el electroencefalograma (EEG) del sueño puede proporcionar información valiosa sobre cómo el cerebro se adapta durante la recuperación de la dependencia del alcohol. Por otro lado, después de dos semanas de abstinencia de marihuana, se ha observado que el tiempo total de sueño (TST), el sueño de movimientos oculares rápidos (REM), el tiempo de vigilia después de conciliar el sueño (WASO) y la eficiencia del sueño (SE%) empeoran. Esta alteración del sueño ha demostrado persistir durante más de 45 días en un período de abstinencia de marihuana20.

Otro de los objetivos de este trabajo se basaba en reconocer las diversas herramientas de evaluación empleadas para los aspectos relacionados con la salud y el bienestar. Para abordar el consumo de alcohol, se han destacado el MAST (Michigan Alcohol Screening Test), el AUDIT-KR (Alcohol Use Disorder Identification Test-Korean Revised Version) específicamente adaptado para la identificación de trastornos por consumo de alcohol en la población coreana y el DAST (Drug Abuse Screening Test) para el análisis de drogas. Tanto el MAST como el DAST, son herramientas de cribado cuyo uso debería incrementarse en atención primaria17,21,22.

En lo concerniente al bienestar psicológico, se ha recurrido al Cuestionario de Salud General, conocido como GHQ-12, al ser una herramienta ampliamente utilizada y validada para evaluar distintos aspectos de la salud mental y emocional19.

Paralelamente, para investigar los trastornos del sueño, se han empleado diversas herramientas, entre las que se destacan el PSQI (Pittsburgh Sleep Quality Index) y su versión adaptada al coreano, el PSQI-K, para evaluar la calidad del sueño. Además, se han utilizado escalas como la ESS (Epworth Sleepiness Scale) para medir la somnolencia diurna y el ISI (Insomnia Severity Index) para evaluar la gravedad del insomnio, en gran mayoría aplicadas de manera subjetiva y de forma autoadministrada21,22.

Del mismo modo, nos encontramos con técnicas evaluativas y diagnósticas más objetivas como son la polisomnografía (PSG), la polisomnografía ambulatoria y la actigrafía junto con las pruebas diagnósticas del sueño en el hogar. Estas se encuentran clasificadas según la taxonomía AASM del nivel I al III20.

En contraposición a la amplia literatura existente, un artículo particular resalta la carencia de encuestas o herramientas específicamente validadas, así como de investigaciones, que aborden de manera sistemática las alteraciones del sueño reportadas por pacientes con dependencia de drogas durante su hospitalización en unidades de desintoxicación. Es relevante mencionar que, en general, el método predominante de evaluación en estudios epidemiológicos sobre alteraciones del sueño es el autoinforme26.

Las limitaciones encontradas durante la realización de esta revisión son aquellas comunes a cualquier análisis de la literatura, además de la escasez de datos disponibles sobre el consumo de benzodiacepinas y su impacto en el sueño y el bienestar psicológico. En consecuencia, no fue posible establecer relaciones significativas entre estos aspectos, quedando así evidenciada una falta de literatura. Entre ellas, podemos hacer referencia a varios tipos de sesgos, los cuales mencionamos a continuación.

Un punto a considerar es la variabilidad individual. La mayoría de los estudios presentan limitaciones debido a la complejidad de medir estos aspectos, ya que existe el riesgo de la presencia de un sesgo de conformidad, donde los participantes responden de manera que se ajusta a las normas sociales percibidas o que refleja una imagen más favorable de sí mismos.

Por otro lado, en algunos estudios se hace referencia a un sesgo de selección, en concreto el sesgo de selección de Berkson, el cual se da en la recopilación de datos situados en el ámbito hospitalario, así como una falta de inclusión en muestras femeninas.

Otro aspecto relevante es la dificultad en la búsqueda bibliográfica, puesto que se encontró una amplia gama de estudios, ya que son caracteres comunes a muchos ámbitos de investigación, pero la mayoría no guardaba relación con nuestro tema de interés, lo que implicó realizar numerosas lecturas adicionales. Por ello, los documentos recuperados de otras fuentes resultaron muy útiles para nosotras.

Conclusiones

Se ha constatado de manera consistente una asociación significativa entre el uso de sustancias depresoras como el alcohol y las benzodiacepinas, y la manifestación de trastornos del sueño, así como una influencia negativa en la salud mental y el bienestar emocional de los individuos afectados.

Es fundamental destacar las diferencias de género observadas en esta interacción. Por ejemplo, en los hombres, el consumo de alcohol se correlaciona con una peor calidad del sueño, manifestada por una reducción en la duración y la eficiencia del mismo. En contraste, en las mujeres, se observa una asociación directa entre el uso de cannabis y una mayor angustia psicológica, lo que sugiere un impacto diferencial según el tipo de sustancia consumida y el género del individuo.

Un hallazgo significativo es la existencia de un ciclo de dependencia entre los trastornos del sueño y el consumo de drogas depresoras, tanto en hombres como en mujeres. Esto sugiere una interacción bidireccional en la que los problemas de sueño pueden conducir al abuso de sustancias, y viceversa, creando un ciclo perjudicial que afecta negativamente la salud física y mental de las personas.

Además, la revisión resalta la importancia de utilizar herramientas de evaluación adecuadas para investigar estos fenómenos de manera precisa y exhaustiva. Se han identificado varios instrumentos, como el MAST, AUDIT-KR, DAST, GHQ-12, PSQI, PSQI-K, ESS e ISI, que son útiles para evaluar tanto los patrones de consumo como los trastornos del sueño y el bienestar psicológico en pacientes con problemas de abuso de sustancias.

En consecuencia, se recomienda que las investigaciones futuras se centren en abordar las limitaciones encontradas y en profundizar en la comprensión de los mecanismos subyacentes de la relación entre el consumo de drogas depresoras, los trastornos del sueño y el bienestar psicológico. Es esencial seguir desarrollando y validando herramientas de evaluación más precisas para avanzar en este campo y mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de estos complejos problemas de salud mental. Además, se sugiere continuar explorando este tema mediante la realización de estudios adicionales, incluyendo un aumento en la cantidad de ensayos clínicos aleatorizados (ECAs) y revisiones sistemáticas con metaanálisis. Esto permitirá obtener una comprensión más completa y precisa, respaldada por una mayor cantidad de evidencia experimental.

Concluyendo, esta revisión bibliográfica proporciona una visión integral de la interacción multifacética entre el consumo de drogas depresoras, los trastornos del sueño y el bienestar psicológico. Destaca la necesidad urgente de continuar investigando para abordar las brechas de conocimiento identificadas y mejorar la atención clínica y terapéutica de las personas afectadas por estos problemas de salud.

Teniendo en cuenta las implicaciones a futuro, este estudio podría ser de considerable utilidad en diversos aspectos. Por ejemplo, se podría lograr una comprensión más profunda y una optimización más eficiente de la variedad de instrumentos y escalas disponibles para la evaluación y detección de los patrones analizados. Además, los hallazgos podrían informar sobre nuevas estrategias y enfoques para el tratamiento de dichos patrones, lo que podría mejorar significativamente la eficacia y la calidad de vida de los pacientes afectados.

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ANEXOS

ANEXO 1.
TABLA DE DEFINICIONES DIMENSIONES MODELO DE BP (RYFF & KEYES, 1995)11.

ANEXO 2.
TRASTORNOS MENTALES Y DEL COMPORTAMIENTO DEBIDOS AL CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS (F10-F19).

ANEXO 3.
TABLA DE DATOS DE STROBE.

ANEXO 4.
TABLA DE DATOS DE CASPe.

ANEXO 5.
TABLA DE DATOS DE CASPe PARA COHORTES.


Enfermería Cuidándote. 2025; 8